Home   Yo y mi universo personal   El dilema de la depresión: “Dar mucho, recibir poco”

El dilema de la depresión: “Dar mucho, recibir poco”

Cuando la tristeza nos invade, existe una sensación común  en aquellos que se sienten tristes, el sentimiento de “dar y dar” y no recibir en justa medida.

A veces  sacrificamos muchas cosas por los demás, somos serviciales y ayudamos, somos los que en las relaciones somos más detallistas, nos preocupamos por nuestros amigos, hacemos cualquier cosa por ellos, por nuestra familia siempre estamos pendientes  y día a día damos más y más, pero lo que recibimos del resto es muy poco, o así lo sentimos.

No hay actos humanos que no esperen de una u otra forma contraprestación, es decir, nosotros deseamos que  nuestras acciones se paguen con reconocimiento y afecto, pero  en oportunidades lo que deseamos no llega.

Veamos varios ejemplos para dar claridad.

“Roció es una ama de casa ejemplar. Desde temprano se levanta,  procura cocinar  lo que le gusta a  su esposo e hijos adolescentes, limpia toda la casa, lava la ropa, va a las reuniones de padres de familia, siempre está pendiente de las necesidades de los que ama. Sin embargo  sus hijos y esposo no se portan muy bien con ella. Se ha convertido en un fantasma que “hace y hace” dentro del hogar, y su familia no  reconoce su esfuerzo. Sus hijos adolescentes son impertinentes y groseros, ella no sabe controlarlos, y para peor, ella sospecha que su esposo tiene un romance. Se siente destrozada, y cada día se levanta con menos ánimo,  no se siente amada por su familia, y teme que su matrimonio se acabe. Se siente estancada y sin futuro”

 Un caso común, una mujer dedicada a su familia al 100%, pero que a pesar de su arduo trabajo, siente que ni sus hijos, ni su esposo valoran su trabajo, es  más, siente que su hogar se esta desmoronando, pues su esposo tiene un romance, y el hogar que tanto ha cuidado no le da la satisfacción que ella desea.  Su tristeza está justificada, ha hecho muchas cosas para recibir amor y ha recibido vacio, se ha convertido en un ente cuyas acciones son “obligaciones” pero no son vistas como actos de entrega y cariño.

“Ramón es  un joven trabajador, desde muy joven le toco duro. Su padre los abandonó cuando eran niños y tiene que ver por su madre y por sus hermanos. Básicamente ha asumido desde muy niño la responsabilidad de ser el hombre de la casa, y le han otorgarlo sin merecerlo, el papel de padre sustituto. Ahora que Ramón es  adulto y sus hermanos  ya han crecido, se ha sentido rechazado por ellos. Se han alejado de él, y le han dejado a cargo el cuidado de la salud de la madre, quien  tiene una enfermedad crónica grave. Sí bien  todos  son hijos de la misma mujer,  él, como el constante responsable y cuidador  es el señalado para esa  labor, los  otros hermanos sólo le critican.

Ramón no puede establecer una relación con mujeres de manera sana, por cosas de la vida siempre  elige mujeres que han terminado una relación o que están pensando en otra persona, lo que hace que todos sus esfuerzos de conquista no brinden  frutos. Todos los días se siente muy infeliz, no le encuentra sentido a su vida”

Cuando un hijo recibe desde pequeño responsabilidades que no le corresponden  tiende a equivocarse pues no está preparado para esa función.  Un niño no puede ser padre, y tampoco debe corregir a sus hermanos, quienes no le respetan y le han tomado fastidio por los maltratos que él tuvo que imponer para que desde su ignorancia le hicieran caso. Su madre, la adulta y quien debe cumplir esa función, le ha entregado la responsabilidad a pesar de su corta edad. Ramón crece haciendo un gran esfuerzo por cuidar a su familia, y ahora que es adulto y que su madre ha enfermado, sus hermanos no tienen inconveniente en cargarle a él toda la responsabilidad. La vida personal de Ramón es nula, no consigue relaciones afectivas que le retribuyan el amor, pues invierte en mujeres que no están buscando una pareja sino un amigo. Y es así como se siente utilizado y poco valorado.

“Olga tiene un novio desde hace unos meses,  se siente muy enamorada.  Miguel es un hombre exigente, tiene sus metas y quiere  cumplirlas a pesar de la relación.  Ella está siempre para él,  lo complace cuando desea sexo y  lo mima demasiado. Le ayuda en las tareas de la universidad y siempre está ahí cuando él lo necesita. Pero la situación no es fácil. Miguel quiere  ser un profesional destacado, ha conseguido una maestría en el exterior y  en sus sueños no existe un futuro con Olga, él se lo ha dicho de distintas maneras, pero ella sigue soñando en hacer un hogar con él, lo cuida como si fuera un niño, y hace cosas que otras mujeres no harían por un hombre. Hace dos días Miguel le ha anunciado que se va del país, y Olga siente que todos sus deseos se han ido al desagüe”

Un  caso muy común. No es que Miguel no la ame, sólo que no la quiere con igual proporción y no siguen los mismos sueños, por tanto ella esta luchando una batalla perdida, pues el siempre ha tenido claro que no desea casarse.  Ella por otra parte, invirtió en una relación que no le dio lo que ella necesitaba y quería, lo que la ha adentrado en una profunda depresión, “fui la mujer perfecta para él, y no supo verlo”

Después de estos tres ejemplos  que he explicado, queda claro que cuando trabajamos mucho en algo y no somos reconocidos nos deprimimos, y nos sentimos descalificados.  Muchas veces se siente una ira incontrolable sobre la persona o las personas amadas. “yo hice tanto, yo ayudo a las personas siempre que lo necesitan, pero cuando yo necesito algo, nunca están para mí”

Esa frase la he escuchado muchas veces en consulta, “yo soy muy bueno con los demás, hago  X, Y, … Z cosas, pero siempre recibo insultos”..

El llanto y el dolor es profundo. “Nadie me quiere” afirman, “todo lo que hago, y nada ha servido”. Es justo decir que pierden la motivación de vivir, porque no reciben en concordancia.

La depresión  cuando se desarrolla, tiene mucho de este componente. “Sí trabajo mucho por algo y no recibo amor y reconocimiento, he fallado y no soy digno de afecto. Me  siento infeliz,  triste y muy solo”.

Pero sí nadie piensa en ti, sí nadie te cuida como cuidas a los demás, sí nadie te ayuda como tu ayudas, ¿Quién crees que debe  pensar en ti?

Pues TÚ.

Uno no existe por los demás, existe por uno mismo. Sí los demás no le dan lo que uno necesita, uno debe brindárselo. ¿Cómo?, pues amándose y  poniendo límites.

La necesidad de recibir aprobación de los demás, es porque uno mismo no se aprueba, porque uno mismo no se ama. Necesitamos recibir lo que no tenemos. Pero sí los demás no nos dan lo que necesitamos debemos comenzar a construirlo para nosotros mismos.

Sí  la ama de casa Rocio, en vez de dedicar el 100% a las labores de su hogar y a su familia, dedica un tiempo a ella misma, a hacer cosas que le gustan y a cuidarse. Sí Ramón nota que no debe ser el único que debe cuidar, y que ahora también es justo que se  cuide a sí mismo. Sí Olga  nota que su valor no está en su novio, sino en ella misma, y que ella como mujer y persona debe pensar más en ella y en sus proyectos. Sí sólo nos  diéramos cuenta de nuestra importancia las cosas cambian.

Las personas que se aman se cuidan, saben que deben dar hasta cierto nivel, ponen límites, y no permiten que las lastimen.

Cuando uno se ama, las personas notan la diferencia,  y comienzan a respetar. Cuando una persona se ama, pone  límites a las conductas que no son  aceptables. Cuando uno se ama, no permite que las personas lo lastimen de manera constante, no permite los maltratos y es capaz de  decir  “no más” y elegir nuevas compañías o personas que se adapten a lo que uno busca.

¿ te amas lo suficiente para dar con justicia y dejar de dar todo cuando recibes lo mínimo?

Tenemos por cultura no reconocer los esfuerzos de las personas, pero se convierte en una  necesidad  comenzar a valorar a quienes amamos, comenzar a  dar valor a las cosas buenas que hacen por uno. Comenzar desde uno mismo, pero mirar alrededor,  a nuestra familia, a nuestros compañeros de trabajo.

Sí valoramos las acciones de nuestros hijos, ellos reconocerán a los demás. Sí le decimos y agradecemos a nuestra madre el esfuerzo, ella se sentirá complacida. Sí  tenemos una pareja, debemos entender que reconocer el amor y cariño se hace con acciones y no  solo palabras. Sí reconocemos el trabajo de un compañero de labor, este se sentirá motivado.

Propongo una campaña por el reconocimiento de nosotros mismos y de los demás.

 Valoremos lo bueno siempre, reconózcamelo, y seamos capaces de ver lo positivo. No permitamos circunstancias donde siempre salgamos perdedores a pesar de nuestro esfuerzo. Debemos tener conductas de auto cuidado. Debemos elegir bien a nuestro amigos,  aquellos que nos buscan sólo cuando tienen problemas pero que desaparecen luego no son personas que nos nutran y que nos den justamente. Las relaciones deben ser objetos de crecimiento y no de sufrimiento.

Pero lo más importante para comenzar esta transformación es el acto de amarse y creerse merecedor de cosas buenas.

Comienza hoy.

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