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El dolor al ser despedido

Ser despedido  es un evento que amenaza nuestra estabilidad. No es fácil  aceptar que se ha perdido  aquello que nos brindaba seguridad económica y que nos da un status dentro de la sociedad. Cuando quedamos desempleados nuestro mundo se pone de cabeza.

Podemos hablar del concepto de “Duelo”, termino asociado a “dolor” en este tema.  El duelo es el proceso de adaptación emocional a una perdida, y se puede aplicar a cualquier área de nuestra vida. Sí tenemos en cuenta que un ser humano pasa más tiempo trabajando que haciendo otro tipo de actividad, perder el empleo es un asunto serio.

Hay personas que  superan más rápidamente el duelo al despido, otras  se demoran más, depende de las circunstancias,  del tiempo del contrato, del apego a lo que se hace, de la relación que  se construyo con sus compañeros de trabajo, de la identificación personal  a la labor, del nivel de comunicación y  de la personalidad de cada cual.

Usualmente la pérdida del  empleo viene enmarcada con algunos  antecedentes como son los  problemas con el equipo de trabajo,  la mala relación con el jefe,   las crisis financieras en la empresa,  los sentimientos de inconformidad con la situación laboral,  la ansiedad, entre otras circunstancias. Cuando por fin viene el despido, la persona quedan en un estado de shock,  una enorme ola de miedo, rabia,  inseguridad, dolor y culpa invade su ser. Evidentemente muchos de los despidos, aunque temidos, no son realmente esperados por la persona, pues siempre se guarda la esperanza de que las cosas puedan mejorar, o que, en su defecto, pueda conseguir un empleo  mejor, para renunciar y pasar a otra empresa.

Los eventos pasan en cámara lenta el día en que se anuncia el despido. Las personas pueden reaccionar de distinta forma, pueden paralizarse, o ponerse muy emotivas, lo que es cierto, es que la incomodidad los invade  retroalimentada por la respuesta de los otros empleados. Los que fueran los compañeros de trabajo pueden reaccionar con solidaridad, o con satisfacción ante la medida, puede existir distintos bandos entre aliados y refractarios que generan un ambiente tenso, no sólo por las relaciones laborales que se construyeron sino por el miedo general de ¿seré yo el próximo?

Pero, ¿qué se siente ser despedido?

No podría numerar la totalidad de sentimientos al respecto, pero sí puedo identificar  algunos de los sentimientos que pueden causar  perder el empleo.

El miedo , es uno de los sentires que más domina la mente dado que el despido conlleva  a la  perdida  de la estabilidad económica.  Cuando hay cuentas por cobrar, seres queridos que dependen económicamente de tí, deudas adquiridas, costos y gastos cotidianos para comer y vivir, lo menos que se desea es no tener dinero  mensualmente. Todo eso  establece una urgencia “tengo que encontrar trabajo pronto”, lo cual es, como llamamos los psicólogos, una incubación de ansiedad, o en otras palabras  un caldo de cultivo para sentirse cada vez más nervioso y preocupado por el tema.

Pero el miedo y la ansiedad hacia el futuro no  están solos, también  se encuentran con otros  sentimientos como la culpa.

Sentirse  responsables por el despido,  generar una lista mental de errores  de lo que hicimos mal,  de lo que se pudimos hacer mejor, de  aquellas falencias que nos llevaron a que nos señalaran para quitarnos el empleo, puede en cierta forma volverse algo incontrolable.  La culpa  se retroalimenta en nuestra mente de manera casi obsesiva, no es necesario que otros te señalen como responsable, usualmente es la misma persona  la que se encarga de ajusticiarse, señalarse y maltratarse.

La culpa va de la mano con la depresión y la desesperanza. Sentirse tristes y responsables por perder el empleo puede convertirse en  una situación que nos puede llevar a caer  en conductas  dañinas  como el consumo de sustancias psicoactivas,  las autolesiones, conflictos con la pareja, con la familia, deseos de muerte y aislamiento.  Estas se van incrementando, cuando luego del despido, es difícil volverse a ubicar laboralmente. Las líneas de ayuda contra el suicidio reciben muchas llamadas asociadas a la depresión causadas por el desempleo.

La rabia y el malestar frente a la institución, los ex compañeros de trabajo, y  sobre todo  hacia el jefe   puede aparecer de manera recurrente.

La  furia se incrementa  más cuando las situaciones por las cuales se dio el despido  están asociadas a una mala relación personal con el jefe, o con algún  colaborador.  Cuando el despido está relacionado al maltrato laboral, al conflicto entre dos o más personas,  a historias de deslealtad  e injusticias, es “muy común” que la persona despedida genere un real odio y aversión hacia el jefe y sus compañeros de trabajo.

Este odio  se incrementa más sí la persona luego del despido no consigue trabajo rápido. Los días de desempleo se pueden convertir en una lista continua de recuerdos llenos de aversión, disgusto, repulsión y enemistad.

Y lo peor de odiar a otra persona, o no superar el dolor causado, es que ese sentimiento  negativo nos perjudica personalmente  y nos hace más infelices. Una parte de superar el despido y el desempleo, es comenzar a sanear los disgustos del pasado. No es fácil pero tampoco imposible.

Algo que es importante también señalar en este fenómeno, es que algunas personas pierden momentáneamente el camino. No saben qué pasará con sus vidas y se sienten estancadas. Les es difícil conseguir un empleo a gusto, y  sí lo consiguen se sienten inseguros recordando los problemas que tuvieron en el trabajo anterior. Algunos despidos pueden lograr que la persona  pierda la seguridad laboral que manifestaba, no se sientan capaces  de trabajar, o pierdan la confianza en sus conocimientos. Eso  se refleja desafortunadamente en una entrevista laboral, y es el motivo por lo que algunos no consiguen  trabajo fácilmente.

El proceso de superar un despido puede durar varios meses. Deben estar tranquilos, es un proceso que se supera,  pero hay que darle tiempo. Lo importante es  situarse mentalmente en donde se quiere estar y comenzar a luchar por una meta. Sin embargo, sea consciente que  es normal que se sienta inseguro, triste y confundido, pero como en todo, usted debe  luchar por superar la dificultad y salir adelante.

El duelo por ser despedido no se soluciona consiguiendo un nuevo empleo,  se soluciona cuando usted piensa en ello y no siente dolor, ira, tristeza o lástima. El fantasma de un empleo pasado nos puede perseguir y perjudicarnos laboralmente hoy,  debe pensar en usted, recuperar la autoestima perdida y construir un proyecto de vida personal que le ayude a tener claro que es lo que usted quiere, y como quiere conseguirlo.

¿qué piensan ustedes?, ¿cómo creen que se puede superar las secuelas emocionales de perder el trabajo?

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