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La Ley de Murphy y la depresión

La vida es un viaje que  todos tenemos que  hacer.  Puede ser un viaje fácil, o complicado, sin embargo,  cómo nada es sencillo, los infortunios pueden presentarse, y también las enseñanzas.  Pongamos un ejemplo  para que expliquemos la idea.

Dos hombres se encuentran en la sala de espera del aeropuerto, los llamaremos Eduardo y Marcos. Ambos se encuentran sentados mientras  en la pantalla del aeropuerto  anuncian que su vuelo está próximo a aterrizar.  En ese momento, mientras  esperan   comienza una gran tormenta eléctrica, la lluvia arrecia, y el sonido de la estructura se ensordece.  Es entonces que   un  encargado del aeropuerto anuncia que por el clima, el avión que esperaban debe desviar a un aeropuerto cercano.

Ambos se muestran aturdidos por la noticia, pues aquello no se lo esperaban. La situación se complica cuando pasa más de una hora y sigue lloviendo. La luz del sol, por la tormenta se ha apagado lentamente, y aunque son las 9 de la mañana daría la impresión de que es más tarde.

Marco, uno de los hombres se desespera, comienza a llamar a sus conocidos para avisarles de la contrariedad, pero, curiosamente  su teléfono móvil de descarga, cosa que lo enfurece. Comienza a caminar de un lugar a otro mirando su reloj, y preocupado por “la pérdida de tiempo”

Eduardo está en una situación similar, debía llegar a destino para una reunión importante, pero la lluvia no la previo.  De igual forma, la carga de su teléfono móvil se ha descompuesto, y  él  espera que sus compañeros de trabajo se enteren de su eventualidad.

Mientras Marcos camina de un lugar a otro,   escucha los truenos como si fueran gritos y la luz de los relámpagos como sí  fuera el preludio de una película de terror.

Eduardo se ha acercado a uno de los ventanales que da a la pista de aterrizaje, y comienza a observar la lluvia. Se queda fascinado por un momento por la imponencia de la naturaleza y como, hasta eso es hermoso. Se sonríe al ver a un empleado del aeropuerto corre de manera graciosa esquivando la lluvia y los charcos para recoger algo en medio de la pista. Mira de vez en cuando el reloj, pero está tranquilo, en parte está disfrutando esa tormenta.

Marcos por el contrario comienza a tener frio, hambre y los truenos de la tormenta le causan temor. Malhumorado comienza a maldecir su suerte en silencio, mientras en su cabeza piensa “preciso,  yo viajo, y todo lo malo ocurre”. Los empleados de la aerolínea notan su molestia, pero dado que no pueden hacer nada, se encuentran resignados.

Por fin,  la tormenta se calma, y  el avión llega después de una hora más de espera. Ambos entran  al avión, y mientras para Eduardo es un viaje normal, para Marcos se ha convertido en una pesadilla. Ambos están  sentados muy cerca,  y ambos están  cerca de unos niños. Para Marcos los niños fueron un total inconveniente en el viaje, le molestaba el ruido que hacían, y sus quejas. Los culpo por no poder dormir en el avión.  Eduardo, bien sabía que la situación con los niños le molestaba, y si bien no pudo dormir por el ruido de los mismos, decidió ponerse los audífonos y tratar de escuchar música.

Al llegar a destino, Marcos fue el primero en llegar a la zona de descarga del equipaje, y aunque  sus maletas llegaron relativamente rápido, sólo pensaba en salir del aeropuerto para que se terminara esa amarga experiencia. Eduardo, a pesar de tener algo de malestar por no haber dormido, espero sus maletas, y tuvo oportunidad  de conocer a una chica que estaba esperando también su equipaje. Salió del aeropuerto con el teléfono de ella garabateado en un papel arrugado.

Ahora bien, ambas personas vivieron la misma experiencia, pero ambas la vieron de manera distinta. Para ninguno de los dos fue algo cómodo, pero al final cada personaje contó una historia  diferente.

¿Pero a qué va toda esta historia?

Pues bien, es claro que la vida está llena de momentos no agradables o no esperados. Todos hemos vivido un mal día, donde la  ley de Murphy se cumple a cabalidad, “cuando algo va a salir mal, sale mal”. Sin embargo,  curiosamente las leyes negativas de Murphy, y la paradoja en nuestra propia vida, son simplemente enseñanzas que nos muestra el destino.

Las explicaciones cómicas de estas leyes, que se burlan de nuestros infortunios,  y que se centran en lo negativo, explica  un poco el concepto que trato de expresar.

Las cosas malas que nos ocurren, al estilo Murphy,  son pruebas para nuestra vida. La mala suerte es un concepto relativo, teniendo en cuenta que de esos eventos siempre se aprende algo.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando sentimos que nuestra vida cumple a cabalidad de esta ley?. Pues la respuesta es simple, sí percibimos que todo es malo, y  que nuestra mala suerte nos persigue, estamos en un círculo de tristeza y depresión.

La depresión es, en sí, como la experiencia que vivió Marcos. La vida se convierte en algo amenazante,  frustrante y negativo. Toda dificultad se vuelve una amarga experiencia.  Sólo son capaces de ver y escuchar la tormenta en sus corazones a pesar de que en la ventana se vea algo más. Se sienten como Marcos, atrapados en el aeropuerto de la vida, siendo víctimas del destino, y sin control sobre su futuro.

Cuando las personas se deprimen, sufren por que su vida es negra. Todo lo que les ocurre es malo, porque Murphy controla su vida, sí llega a ocurrir algo bueno y positivo, ellos inmediatamente lo cubren con negativismo y tristeza. Ven más fácilmente lo malo que lo  bueno, por un fenómeno que se llama percepción selectiva, del cual hablaremos en otro artículo.

Eso es lo que se llama el “túnel de la depresión”, al sentirnos mal entramos en ese túnel oscuro, y no podemos ver más que  la oscuridad que rodea al túnel. Se ve, sí, una claridad al fondo, pero curiosamente aunque  caminan y caminan, esa luz cada vez se ve más lejana e idealizada. Es como si anduviéramos siempre con lentes oscuros, viendo como nuestra mala suerte nos acompaña.

Ahora bien, sin tratar de simplificar las experiencias de los lectores,  quiero darles una recomendación, tenemos derecho a entristecernos y  a frustrarnos frente a los acontecimientos de nuestra vida, pero también tenemos la oportunidad de quitarnos los lentes oscuros y  disfrutar de las pequeñas enseñanzas ocultas en  esos acontecimientos, como  Eduardo, quien  disfrutó ver la lluvia caer. No todas las cosas malas que nos ocurren, nos acontecen con el aire maquiavélico y malvado de la ley de Murphy, la mayoría de las veces  suceden por una razón más positiva.

Así que siempre que la mala suerte toque a su puerta, piense primero como superar esa dificultad  y trate de  aprender algo de ello, sí no logra quitarse esos lentes oscuros de Murphy, busque ayuda, pero no se acostumbre a ver  todo negro,  hasta los ciegos son capaces de ver la luz sí utilizan bien otros sentidos. Todo depende de usted.

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