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Lo dificil que es decir que NO

Cuando tratamos de agradar y complacer a otros es difícil decir “no” ante algo por lo cual no nos sentimos cómodos. Existe un malestar y miedo, malestar por aceptar algo que no se quiere y miedo al conflicto y al rechazo.

¿Cuántas veces las personas nos proponen cosas que realmente no queremos hacer?, ¿Cuántas veces nos sentimos “obligados” a realizar algo que nos es fastidioso?, ¿Por qué aceptamos?

Queremos hacer las cosas bien, deseamos que se nos retribuya el esfuerzo, queremos que nos amen y que no nos abandonen, añoramos la paz y deseamos que los demás nos perciban como seres positivos, y gracias a eso, aceptamos y permitimos todo.

La palabra “no” es una respuesta que puede sentirse amenazante: “no podemos decirla porque sí la pronunciamos perderemos”.

Rosa es una chica muy amable, es trabajadora, responsable y dedicada. Sin embargo últimamente no se siente bien, se siente violentada y agotada. Dado que trabaja y también estudia su día a día es muy activo, llega a la casa muy cansada de todas las actividades que le toca hacer. Por una parte en el trabajo tienes grandes responsabilidades, tiene que hacer informes, preparar documentos y planear eventos, sin embargo a su vez tiene que hacer actividades extras de sus compañeros de trabajo que le han pedido el favor de remplazarlos o ayudarlos, actividades que no son su responsabilidad. Su jefe, en extremo agresivo, la llama muchas veces para preguntarle aspectos relacionados con su trabajo, pero los llamados no se limita al horario laboral sino en horas nocturnas y a veces la madrugada. Rosa le contesta a regañadientes. En el estudio la historia es muy parecida, siempre hace el trabajo de otros, o tiene las mayores responsabilidades. Sí sale a veces acepta ir a eventos que no le agradan y suele ajustarse siempre a los deseos de los demás.

Tras leer la historia de esta mujer, nos damos cuenta que su vida está cargada de cansancio dado que dice sí a todo lo que su jefe, sus compañeros y sus amigos le piden. Por tanto su trabajo no es efectivo, y se siente mal porque no es capaz de “decir que no”. Es como una maza de plastilina que se adapta a las necesidades y deseos de los demás deformándose por complacer.

¿Rosa es feliz?, la respuesta es clara. Nadie puede ser feliz cuando sólo cumple los deseos de otros y no obedece al bienestar propio.

¿Cómo creen que se siente Rosa?, ¡pues claro!… deprimida.

Pongamos otro ejemplo, pero esta vez lo enfocaremos en cuando no decir “no”, perjudica nuestra salud física y mental.

Magdalena es una chica que le cuesta relacionarse con los demás, pero que recientemente la han invitado a ser parte de un grupo de amigos. Ella está muy emocionada y desea cuadrar, sin embargo sus nuevas amistades no son muy virtuosas, y le ofrecen drogas, ella no le gusta la idea, pero por miedo a la burla acepta. Esa noche fue impredecible y descontrolada. Magdalena hizo cosas que nunca pensó hacer, pero todo tiene un precio. Gracias al exceso y combinación de sustancias terminó en el hospital intoxicada. Duró meses recuperándose mental y físicamente.

Este es un caso más extremo, pero no está lejos de la realidad. Hay propuestas que se aceptan por presión social y que posteriormente nos perjudican. Se podría pensar que Magdalena es una adolescente, pero situaciones asociadas a este ejemplo suceden continuamente en personas adultas que desean impresionar a sus amigos, jefes, clientes o familiares.

Cuando aceptamos todo nos sentimos en desventaja. Cómo sí nos tocara por obligación hacer algo que no queremos. Pensamos que nadie valora nuestras acciones, que debemos aceptar lo que no nos gusta porque sí decimos “no”, perderemos amigos, trabajo y buenas relaciones.

¿Por qué sacrificamos nuestro bienestar por la aprobación de los demás?, ¿es TAN importante?

Una persona que acepta todo, renuncia a todo, y en especial, a ella misma.

Sí actuamos en contra de nosotros mismos y de nuestros deseos nos estamos atacando, y estamos dándole más importancia a los deseos de los demás. Cada vez “que no decimos no” y permitimos que otros decidan por nosotros y estamos regalando nuestra libertad.

NO también es una respuesta

Cuando algo nos hace sentir inseguros, es mejor pedir un tiempo para pensar. Las personas muchas veces desean que respondamos rápidamente, es más, tratan de manipular nuestra respuesta, pero sí la propuesta no nos sirve, ¿Por qué aceptar?

Sí lo que nos proponen no nos gusta, sí nos incomoda o nos molesta, ¿acaso negarnos no es lo más lógico?

A veces sentimos que debemos aceptar todo para no tener problemas y para que las personas no se fastidien. Sin embargo el ahorro que hacemos en el bienestar de los demás nos causa incomodidad interna. Nos hace sentir agredidos, y produce que intrínsecamente insultemos a esa persona, nos enojemos, nos quejemos y lo peor es, que esa rabia, se queda dentro de nosotros.

Decir que no, es una forma de poner límites, es una forma de dar el mensaje de: “Yo me amo, me respeto y no hago nada sin que libremente lo decida”

Decir que no, nos libera y pone barreras saludables. Sí Rosa dice que “no” seguramente hará mejor su trabajo y no se sentirá tan desbordada. Sí no permite situaciones que la dañan, las personas entenderán que ella tiene sus límites, y que deben respetarla.

Los otros deberán adaptarse a los nuevos términos, y posiblemente se pregunten “Sí antes hacías eso por mí, ¿ahora porque no?”, pero en ese momento, la razón y la buena comunicación deben ser primordiales, Sí Rosa explica con criterio el porqué no acepta, las personas comprenderán su punto de vista y respetaran su decisión.

Poner límites no debe hacerse de manera agresiva, sino inteligente, sí los demás comprenden las razones de la negativa, no deberán porque molestarse, y sí se molestan, son personas egoístas que no te valoran ni te respetan. Los oportunistas buscan recibir, sin dar.

En nuestra vida personal negarse ante situaciones cotidianas nos da criterio, demuestra que pensamos las situaciones y nos cuidamos, aceptamos lo que deseamos, y nos negamos de igual forma. Demostramos nuestra libertad de decidir y también, porque no, de equivocarnos.

Los seres humanos necesitamos poner límites, necesitarnos sentirnos dueños de nuestro destino. Como dije antes, “decir que no, también es una respuesta”. Aprendamos y sintámonos cómodos pronunciando esa palabra.

El que se niega con prudencia, evita dolores de cabeza.

¿han tenido dificultades por no saber decir que no?

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