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Malos momentos, grandes enseñanzas.

“Ese día estaba sentada al pie del abismo y sin embargo sonreía, porque ya no tenía miedo a caer”

Muchos  de los que leen estas letras pueden estar pasando por un mal momento. Pueden tener  problemas de pareja, con sus hijos, sufrir de una depresión constante, sufrir en silencio por amor, y sentirse infelices por muchos asuntos. Puede ser también que la vida no este mal en estos momentos y solo quieran leer. Mi objetivo es hacerlos  reflexionar sobre las crisis, pero para ello, no comenzare hablando  directamente sobre el tema, sino que hilaré un poco más delgado para luego concluir en el mensaje que deseo brindarles

1. La competencia universal por ser mejor.

Nadie en este mundo es perfecto. Los maestros de vida vienen y van, y las creencias pueden liberarnos o atarnos.

Estamos en una época donde la sociedad gira en torno a muchos ideales  y deseos. Y muchos de nosotros giramos al mismo ritmo de la sociedad en torno al dinero, al status, a la autocomplacencia y a la idealización de ser diferentes.

Hay quienes aseguran que su religión o su forma de vida los hace mejores. Hay quienes aseguran que su práctica deportiva, política, activista, y social los hace mejores.

¿Mejores de qué o quién?

Y cabe la pregunta, ¿qué es ser mejor?

La excelencia es algo que nos han metido en la mente. Debemos  cumplir con ciertos parámetros, tener éxito, tener un buen cuerpo, ser liberal, conservador, progresista, vestirse bien, hablar adecuadamente, escribir bien, en conclusión,  se busca ser lo que otros quieren que seamos.

Y entonces viene la pregunta más importante que muchos no se atreven a contestar..

¿Quiénes somos realmente?

Esta es una pregunta con múltiples respuestas. Un religioso te dirá una cosa, un científico otra, pero la respuesta más importante es la que uno mismo se da.

¿Quién soy?

¿Por qué existo?

Son dos preguntas fundamentales que él  ser humano se ha hecho por lo menos una vez en su vida. Algunos olvidan las preguntas, otros se la repiten una y otra vez.

Si seguimos la introducción de esta pequeña nota, uno podría preguntarse si uno existe o es para ser mejor.

Y la pregunta nuevamente se repite: ¿mejor en qué?

La capacidad del ser humano para competir es realmente innata.  Los padres les exigen a los hijos a ser mejores desde chicos, los padres compiten entre ellos por el afecto y por el poder económico de la pareja. Los hijos compiten entre ellos por el afecto de los padres, el adolescente y adulto compiten por el poder,  las etnias culturales compiten  , los grupos de hobbies, deportes, ideales…  la lucha por  ser mejor no se acaba. Y eso hablando dentro de lo macro y micros sistemas.

2.       Una lucha individual contra las máscaras.

 

Ahora comprendemos que estamos llenos de exigencias que muchas veces ni siquiera vienen de nosotros mismos.

“quiero ser profesional”, “ama de casa”, “el mejor en matemáticas”, “el mejor amante”.. “el mejor…”

Ahora veamos como nosotros como seres humanos tenemos en nuestro interior consiente o inconsciente esa lucha de poder. Deseamos ser mejores, reconocidos, amados,  empoderados, perfectos.

A nivel interno queremos ser mejores , pero no sabemos  ¿para qué y para quien debemos ser mejores?

Si yo gusto de la historia, y gusto de leer mucho sobre el tema, cuando hablan conmigo podrán ver mucho de historia, y poco de lo que realmente soy yo.

Si soy activista, puedo hablar de mis ideales constantemente ante los demás y luche por mis ideales.

Si soy corrupto, buscare siempre  usar mi poder para siempre ganar.

¿Pero realmente somos eso?. Ser historiador, activista ó corrupto solo hablan de una parte de lo que soy, pero es la parte con la cual yo me identifico. Eso es lo que en  términos espirituales se llama ego falso. También se oculta en asuntos más negativos “soy un desastre”, “un enfermo”, “un bueno para nada”

El ego falso es como el traje que nos ponemos cada mañana. Citando a un autor Jalil Gibrán, en su escrito “El loco” como las máscaras que nos ponemos día a día. Debajo de la máscara esta quien realmente somos.

Entonces, ¿Quiénes somos?, ¿una construcción de otros?, ¿nuestras máscaras?

Y en esa lucha de poder interno por ser lo que creemos es mejor, viene la enfermedad emocional y el sufrimiento.

Pero no somos eso… somos más, y es ahí donde las crisis vienen ayudarnos a crecer. Alejarnos de las ilusiones y darnos ese reconocimiento  propio, alejado de los deseos sociales de lucha por ser mejor.

La sanación interior esta en nuestras manos, pero sin  la crisis, no podremos alcanzarla.

3.   Crisis interna y crecimiento

Nosotros los seres humanos buscamos ser felices, pero nadie sabe exactamente que es la felicidad.

Si se hiciera la pregunta, ¿qué lo haría feliz?, le aseguro que muchos dentro de sus primeras siete alternativas dirá: tener dinero.

Otras personas hablaran de temas más personales, como estar mejor de salud,  conseguir el empleo que deseo, tener la relación sentimental con esa persona añorada, estar tranquilo, tener una buena relación en el trabajo o en la familia.

Muchas veces lo que añoramos no lo tenemos y a veces caemos en trampas superficiales, asumiendo que la felicidad estar en el tener y no en el ser.

Si sufrimos de depresión nos  sentimos mal porque hemos  fracasado o porque pasó algo que no hemos podido superar.

Los problemas con las personas  se repiten una y otra vez. No hay armonía. No hay lo que deseamos.

Realmente estamos en constante crisis  al desear lo que esta fuera de nosotros.

Pero muchas veces necesitamos,  de las crisis para aprender  lecciones valiosas, solamente que en la mayoría de los casos nos quedamos en el problema sin solución. Como un círculo vicioso. Entramos de un problema a otro y realmente  no nos sentimos mejor con el tiempo.

Solamente cuando el ser humano comienza a trabajar en sus crisis como su responsabilidad es que se generan cambios.

Cuando nos damos cuenta que  la respuesta es buscar adentro en vez de buscar afuera el asunto cambia.

La autoestima es un buen comienzo, no es fácil, porque amarse a si mismo  implica darse cuenta quien es uno. Pero desafortunadamente  a veces a nuestra autoestima le queremos poner de esas máscaras sociales que hemos comprado. Entonces realmente no estamos siendo coherentes.

¿Quiénes somos?

Si tengo un problema relacionándome con los demás,  debo profundizar en mí. ¿qué me pasa?

Y es necesario para tener la respuesta cuestionarse a uno mismo. Sin máscaras. Desnudarse a uno mismo y saber que ocurre.

Las lágrimas, el dolor, el reconocimiento, el duelo, la vergüenza y muchas otras sensaciones negativas de crisis y de duda, son necesarias para cambiar.

Si una actitud nuestra hace sufrir a los demás y queremos cambiar, debemos entrar en crisis, y cuestionarse ¿Por qué hago esto?, ¿qué busco?

No todas las crisis dan  introspecciones profundas, pero todas las crisis dan enseñanzas.

Aceptarse a uno mismo no es un trabajo de un día sino un requerimiento de toda la vida. Darse cuenta que es lo que uno quiere, y que lo hace distinto  a las motivaciones de otros. Profundizar en la parte espiritual y en la conciencia podrán ir contestando esa pregunta. Pero nadie llega al conocimiento de sí mismo sin crisis.

Hay que ir un paso más. Cuando uno sabe que las respuestas se pueden encontrar en el interior (con ayuda o guía de otros), entiende la responsabilidad que tiene frente a si mismo.

Si yo tengo todo fácil, estaré en equilibrio y no me moveré, pero si hay un terremoto posiblemente comprenda que el terreno donde estaba era inestable.

¿Quieres cambiar algo de ti mismo?, ¿estás pasando por un mal momento?: te felicito. Toma esta oportunidad y úsala a tu favor, busca quien realmente eres, no quien los demás dicen, sino lo que tú eres.  Usa eso para crecer personalmente y no sentirte mejor que nadie.

Saca tus demonios y crece. Puedes llorar y sentirte mal; la única forma de terminar la crisis es encontrando soluciones en tu interior invitando a la paz y a la reconciliación interna.

Pasa de una crisis a otra si deseas, pero siempre aprende algo.

Si lo haces serás lo que tú quieras ser como hijo, como amigo, como novi@, como amante, como parte de este todo. Sabrás que hay cosas que debes parar de hacer, entenderás porque te ocurren algunas cosa, y poco a poco te encontrarás.

Si no tienes una crisis no crecerás, y  el árbol que no crece, se le pudren las raíces.

No te sientas mal por “sentirte mal” (valga la redundancia), porque tu vida no es perfecta. Agradece que tienes la oportunidad de aprender.

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