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Peleas que crecen y creen. Parejas en conflicto.

En algunas parejas existe una tendencia que es totalmente destructiva, es aquella que no deja a la pareja parar cuando inician una disputa.

Sí  grita duro, yo grito más duro.

Sí  me insulta, yo le insulto más.

Sí me ha hecho daño, yo buscare vengarme.

Sí me ha sido infiel, yo le haré lo mismo y peor.

Es un dilema donde las parejas parecen estar en una competencia donde les es difícil parar y a medida que  va pasando el tiempo, entre gritos y ofensas la cosa se va poniendo peor.

Es como una escalera en la que ambos, hombre y mujer van subiendo peldaños en el conflicto de manera consecutiva.

No todas las parejas discuten de esta forma, pero algunas sufren de esta dificultad. Es una tendencia donde ambas partes parecen estar compitiendo, donde no se sabe cuando parar, y usualmente las disputas terminan cuando la violencia física o verbal ha llegado a un tope. Sea como sea, estas discusiones tienen una alta presencia de violencia y maltrato psicológico.

 No es algo que se haga de manera consciente. Se conforma la pareja la igualdad, pero a la vez comienza una puja por distintos problemas, dado que no se quiere sentir que se es inferior al  otro. Las parejas se conforman en el amor, pero en la convivencia, “el amor  se ve intoxicado por el poder, por el deseo de dominio y control”.

Es así como las parejas comienzan a desarrollar una conducta de simetría, es decir, ambas partes pujan por ganar los conflictos. Compiten por ser los mejores padres, o por ser los que proveen más dinero, por ser quien tiene la razón en los asuntos cotidianos etc..

Algunas de estas discusiones acaloradas pueden comenzar por problemas simples y cotidianos ( ejem. sacar la bolsa con la basura, o la elección de qué van a comer… etc), que cuando se presentan  crecen de manera alarmante.

La competencia  es malsana  cuando vemos a nuestra pareja como alguien al que hay que derrotar. Pero   esto no se da de manera simplista. Estas situaciones se dan cuando ambas partes manejan un alto estrés, no tienen habilidades de comunicación sanas, y son personas  dominantes en las relaciones. Ambos, usualmente tienen un carácter fuerte, y han buscado una pareja que se les parezca dado que comparten aspectos en común, sin embargo, al ser ambos dominantes, y sí el estrés en la relación es alto, se puede iniciar fácilmente a un circulo vicioso de conflictos y peleas que  los dejan agotados y lastimados.

“Jaime y Rosa llevan 12 años de casados. Ambos son profesionales exitosos, y tienen tres hijos. Los problemas de pareja comenzaron especialmente por dinero.  Tienen un estatus que mantener, y desean vivir cómodamente y que sus hijos vayan a los mejores colegios. Ambos trabajan duro para conseguir el dinero, pero nunca es suficiente. La tensión económica se une con los problemas de pareja, Rosa se siente sola y poco apoyada por Jaime, quien a su vez percibe a Rosa como una mujer que quiere controlarlo. La comunicación comenzó a ser hostil y llena de tensión,  el escenario es tal que sin motivo claro comienzan los señalamientos y los comentarios negativos, que terminan en discusiones acaloradas y últimamente en golpes. La situación en la casa se torna insoportable, y el discurso de ambos está asociado a “Yo no me voy a dejar de ti”. Ambos involucran a los hijos en las competencias. Tanto Jaime como Rosa sufren, ambos piensan en separarse, pero aún sienten que se aman, sin embargo, las peleas los están destruyendo”

Se llaman relaciones simétricas cuando hombre y mujer están siempre buscando la primera posición y donde  ninguno de los dos cede. Hay discusiones donde uno de los dos discute y el otro con disgusto calla o da la razón (aspecto que no necesariamente es sano), pero en las relaciones simétricas  ambas partes buscan  dominar y ganar.

Las parejas se aman, pero no saben cómo parar. Muchos casos de violencia doméstica comienzan y terminan así, una pelea simple que termina en una gran batalla. Primero una frase, luego un insulto, luego más ofensas, y por último un golpe.

¿pero cómo parar?

Lo primero es ser conscientes del problema. Sí ambos se dan cuenta que se les dificulta parar las peleas deben buscar alternativas para afrontar el conflicto de manera sana. Muchas de las parejas que no pueden parar las peleas tienen un alto stress, se les dificulta calmarse y actuar coherentemente. La ira  ciega la razón.

Lo curioso es que entre más una pareja se grita es  cuando menos se están escuchando.  Una persona  alza la voz cuando otra no lo escucha, pero si ambas personas gritan lo único que logran es disgustarse más, pero no solucionar el problema.

Sí hay aspectos que deben hablarse, es mejor que se hagan en calma. En una pelea, no es sano hablar de las dificultades, dado que los problemas se convierten en burlas y ofensas.

Una alternativa sana es  salirse de la discusión y calmarse. Ya sea el hombre o la mujer, deben decidir un “tiempo fuera” donde la persona pueda  salir de la casa o  habitación y tener un tiempo en soledad  para calmar ánimos. Eso es efectivo sí la otra parte no la persigue enfurecida.

A veces ocurre que la persona se aleja para calmarse, y la otra piensa que está evitando el problema, y la persigue sermoneándola.

¡Pare!, dejen que las cosas se calmen y luego hablen como adultos.

Pelear no soluciona los problemas,  evitan que se solucionen.

 Sí tratamos de hablar, y terminamos peleando es porque no estamos dispuestos a escuchar. Una forma de huir del problema es gritar.

 Piense cómo reacciona ante los conflictos. Los afronta de manera adulta o los atropella con groserías.

 Cuando una pareja no sabe cómo parar una disputa, el amor se va agotando. Cuando las peleas se convierten en algo cotidiano, el resentimiento y el odio intoxican una relación. Algunos se divorcian porque no supieron cuidar el cariño y permitieron que las peleas los ahogaran.

Sí sufren de peleas interminables, detengan esa conducta, y piensen que lograran con todo aquello. Sí sienten que no pueden continuar así, y que les es difícil parar busquen ayuda.  En muchas oportunidades un terapeuta que medie entre ustedes dos, puede ayudarles a mejorar y a nutrir ese amor devastado por los conflictos.

En las peleas de pareja  ambas personas son responsables de la relación, y ambas tienen la solución. Sólo se necesitan de voluntad de cambio, y si ambos trabajan para ello, podrán como un equipo vencer el problema que los aqueja.

Sí necesitan ayuda, estamos para servirles.

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